Hoy he aprendido a sonreír a la vida, a no derramar una lágrima por algo que no tiene solución.
No ha sido fácil este aprendizaje, han sido necesarias muchas lágrimas de impotencia.
He aprendido a dejar de soñar por cosas inalcanzables, a ver el día con los ojos abiertos.
Algo muy típico de los hiperactivos: vivir en nuestro mundo de ilusión, pero la edad y la experiencia te hacen pisar la realidad.
He aprendido a no juzgar a las personas, todo el mundo tiene una razón para ser como es.
Este no ha sido un aprendizaje fácil, de hecho todavía tengo que hacer grandes esfuerzos para no caer en la tentación.
He aprendido que, aunque el arcoíris tenga infinidad de colores, la vida no es tan colorida.
Sí, he aprendido que la vida es de muchos colores y que también existen los grises.
He aprendido a querer a la gente que me quiere y dejar atrás a aquellos que no me necesitan.
Tampoco es fácil dejar en el camino a personas que han estado en tu vida, pero cuando descubres que solo lo hacen por interés hay que cortar de raíz.
He aprendido que no se puede vivir con rencores, aunque no sea lo más fácil.
No, no es fácil, pero sí es sano para la mente.
He aprendido a intentar conseguir mis metas cueste lo que cueste, a luchar por la realidad de la vida.
Esta ha sido siempre una máxima en mi vida y no siempre ha sido fácil, pero tampoco imposible.
He aprendido a vivir con la dislexia, que tanto me avergonzaba de niña, y que descubrí de adulta, que es posible escribir y ser entendida, aunque no pongas acentos y cometas faltas de ortografía.
Descubrí que existían correctores. Gracias a Dios.
He aprendido a amar todo lo que me rodea, todo lo que yo deseo, sin mirar lo que piense la gente.
Nunca me importó decir lo que pienso si creo firmemente que tengo razón. Tal vez mi impulsividad ayudó en este tema.
He aprendido a no dejarme guiar por mis impulsos, a pensar antes de dar un paso hacia delante.
Esta actuación la he aprendido de mayor; otro gallo me habría cantado si la hubiera practicado durante algunos años de mi vida.
He aprendido que, aunque el sol no brille de día, las estrellas pueden lucir de noche.
Sí, he aprendido que cualquier situación es buena para ayudar a los demás y ayudarme a mí misma.
He aprendido a escuchar a los demás para luego intentar actuar de la mejor manera posible.
Empatía, esa ha sido siempre mi máxima, y dar lo mejor de mí misma a aquellos que me explican sus problemáticas.
He aprendido que las personas pasan por tu vida, pero igual que vienen se van.
Esto lo aprendí cuando viví la muerte de mi padre, es tan efímera la vida.
He aprendido tantas cosas que hoy sería difícil expresarlas todas. Solo quiero que todo lo que voy aprendiendo en esta vida me sirva de algo y me ayude a poder sobrevivir, a ver las cosas de un modo diferente, porque vamos aprendiendo pasito a pasito. Intentamos coger lo mejor, pero no siempre lo conseguimos. De todos modos, voy a seguir intentando aprender todo lo que pueda de lo que la vida me va regalando.
© Anna López Campoy
Comentarios