Hoy ha sido un domingo muy raro. Tan raro que siento que todavía no ha terminado. Ha sido un domingo triste. Después de dos meses viendo a mi padre político ingresado en el hospital, con la muerte cada vez más cerca, hoy nos han comunicado que solo es cuestión de horas. Hemos asistido, casi sin reaccionar, a cómo entraba en una fase de coma inducida por la morfina que le administran cada tres horas. Hoy he tenido tiempo de parar. De pensar. La vida, en momentos así, se muestra tal y como es. Frágil. Incierta. He visto cómo alguien pasa de ser fuerte a depender de todo y de todos. Y cómo, incluso en ese punto, sigue siendo la misma persona. También he visto cómo la mirada se apaga poco a poco, aunque haya lucha por mantenerla. Y te das cuenta de algo sencillo: al final, todos llegamos al mismo lugar. En momentos así, uno también revisa su propia manera de vivir. Cómo ha querido, cómo ha estado, qué ha dejado en los demás. Porque todos vamos dejando huella, de una forma u otra. A...