Hay algo que se ve cada vez más, en estudios y en la vida real: Muchas personas neurodivergentes no encajan en las categorías tradicionales de identidad o de orientación. No es algo nuevo. Ahora simplemente tenemos más palabras para nombrarlo. Investigadores como Simon Baron-Cohen, Varun Warrier o John Strang lo han descrito con datos. Pero cuando trabajas con personas, esto se entiende de otra manera. Hay quien no ha seguido el guion. Quien ha cuestionado más. O quien, directamente, nunca ha encajado en lo que se esperaba. Y eso también atraviesa la identidad. El problema casi nunca está ahí. El problema empieza cuando aparece el entorno. Cuando tienes que explicarte una y otra vez. Cuando tienes que traducirte para que te entiendan. Cuando adaptarte deja de ser una opción y pasa a ser la única forma de no quedarte fuera. Ahí es donde aparece el desgaste. Ansiedad. Aislamiento. Cansancio. No por quién eres. Por lo que cuesta sostenerlo en según qué contextos. Por eso, más que hablar...