Hay un concepto del mundo del branding que últimamente no me sale de la cabeza.
Lo formuló Marty Neumeier en su libro ZAG (2006): en un mercado saturado de productos y mensajes que se repiten, la diferenciación tradicional ya no es suficiente. Lo que marca la diferencia es la diferenciación radical. Su fórmula es simple: cuando todo el mundo hace zig, haz zag.
El zig es seguir el camino estándar. Lo que ya funciona, lo que todos hacen, lo que está validado.
El zag es detectar que ese camino ya no aporta ventaja, y proponer otra lógica.
No es hacer algo raro para llamar la atención. Es ver lo que los demás no ven porque están mirando todos en la misma dirección.
Y entonces pensé en los cerebros neurodivergentes.
Porque la investigación lleva años documentando algo que muchos de nosotros ya intuíamos: las personas con TDAH somos excepcionalmente buenas en pensamiento divergente. Generar ideas originales, conectar conceptos que nadie relacionaría, romper los moldes del problema sin darnos cuenta.
Y en el perfil combinado TDAH+TEA, mi perfil, el AUTDAH, la cosa se vuelve todavía más interesante: divergencia creativa del TDAH más profundidad, hiperfoco y atención al detalle del TEA. Cantidad de ideas originales con capacidad de sostenerlas.
Durante décadas, el sistema midió eso con las métricas del zig: atención sostenida, procesamiento lineal, adaptación a normas diseñadas para otros perfiles. Y claro, ahí no salimos bien parados.
Pero cuando el objetivo es innovar, detectar lo que nadie ve, proponer desde un ángulo distinto… las reglas del juego cambian.
Lo que el sistema llamó “no encajar” era, en realidad, un zag estructural.
Yo tardé muchos años en entenderlo así.
Tengo casi 45 años de trayectoria profesional. Y mirando atrás, veo los zags con una claridad que entonces no tenía: momentos en que elegí, o mi cerebro eligió por mí, ir en una dirección que no era la obvia. Que no era la esperada. Que más de una vez generó dudas en los demás… y resultados que no esperaba ni yo.
No lo llamaba estrategia. Era simplemente mi forma de funcionar.
Ahora sé que tenía nombre.
Y estoy a punto de hacer otro.
El que viene es el más consciente de todos. El primero que hago sabiendo lo que es, eligiéndolo con toda la información encima de la mesa.
No voy a adelantar todo. Pero sí diré esto: hay una forma de jubilarse que es zig. Y hay otra forma.
Yo ya sé cuál es la mía. 😊
¿Tú también llevas años haciendo zag sin saberlo? Cuéntamelo.
Sí, presiento que este será un año alborotado. Podría utilizar muchas otras palabras, pero esa es la primera que me viene a la cabeza. Así que voy a intentar, antes de que termine el año, hacer una lista de todas aquellas cosas, personas, objetos, actuaciones o situaciones que no aportan paz a mi vida. Leí hace poco que hay valores, como la lealtad, que pueden entenderse de forma distinta según el ámbito de nuestra existencia. También leí que quienes arrastramos valores muy arraigados y no los modificamos a lo largo de la vida estamos, de algún modo, obsoletos. Yo discrepo. Los valores que utilizamos en nuestra vida son muchos y muy variados. Si la vida fuera un cesto y nos dieran a escoger solo tres, seguramente nos costaría decidir. Y si tú solo pudieras quedarte con tres, ¿cuáles elegirías? Yo escogería aquellos que siento que me definen y que, de algún modo, también he mamado desde la cuna. Honestidad Confucio La honestidad es uno...

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