Una sabia y conocida anécdota árabe cuenta que, en una ocasión, un sultán soñó que había perdido todos los dientes.
Al despertar, mandó llamar a un adivino para que interpretara su sueño.
—¡Qué desgracia, mi señor! —exclamó el adivino—. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.
—¡Qué insolencia! —gritó el sultán, enfurecido—. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde, mandó traer a otro adivino y le contó el mismo sueño.
Este, tras escuchar con atención, respondió:
—¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.
El sultán sonrió y ordenó que le entregaran cien monedas de oro.
Cuando el segundo adivino salía del palacio, uno de los cortesanos, sorprendido, le dijo:
—No lo entiendo. La interpretación es la misma que la del primer adivino. ¿Por qué a uno le castigó y a ti te ha recompensado?
El adivino respondió:
Todo depende de la forma de decir las cosas. Uno de los grandes desafíos del ser humano es aprender a comunicarse.
De la comunicación dependen muchas cosas: la felicidad o la desgracia, la paz o el conflicto.
La verdad debe decirse, sin duda. Pero la forma en que se comunica puede marcar la diferencia.
La verdad es como una piedra preciosa. Si la lanzamos, puede herir. Si la entregamos con cuidado, puede ser bien recibida.
© Anna López Campoy
Fundadora TDAH Vallès · Diario de una Hiperactiva
Una sabia y conocida anécdota árabe cuenta que, en una ocasión, un sultán soñó que había perdido todos los dientes.
Al despertar, mandó llamar a un adivino para que interpretara su sueño.
—¡Qué desgracia, mi señor! —exclamó el adivino—. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.
—¡Qué insolencia! —gritó el sultán, enfurecido—. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde, mandó traer a otro adivino y le contó el mismo sueño.
Este, tras escuchar con atención, respondió:
—¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.
El sultán sonrió y ordenó que le entregaran cien monedas de oro.
Cuando el segundo adivino salía del palacio, uno de los cortesanos, sorprendido, le dijo:
—No lo entiendo. La interpretación es la misma que la del primer adivino. ¿Por qué a uno le castigó y a ti te ha recompensado?
El adivino respondió:
Todo depende de la forma de decir las cosas. Uno de los grandes desafíos del ser humano es aprender a comunicarse.
De la comunicación dependen muchas cosas: la felicidad o la desgracia, la paz o el conflicto.
La verdad debe decirse, sin duda. Pero la forma en que se comunica puede marcar la diferencia.
La verdad es como una piedra preciosa. Si la lanzamos, puede herir. Si la entregamos con cuidado, puede ser bien recibida.
© Anna López Campoy
Fundadora TDAH Vallès · Diario de una Hiperactiva
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