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El peso de las palabras



El peso de las palabras

Lo que sale de nuestra boca puede herir y hundir a otras personas. El ser humano es muy sensible a las emociones y a las palabras que, a veces, decimos de forma inocente. La palabra tiene tanto potencial para dañar las relaciones que, una vez alguien te hiere, difícilmente te comportarás del mismo modo con esa persona.

Toda persona que vive de forma negativa nos va a herir. Las personas negativas no deberían estar a nuestro lado, aunque es fácil tener a alguien así en nuestro entorno: amistades, familia, trabajo, algún compañero…

Las personas negativas siempre ven malas intenciones en todo. Siempre tienen un comentario negativo acerca de nosotros, generalmente comentarios que van contra nuestro bienestar o felicidad.

Siempre quisiéramos que nos amen, que nos respeten como personas, pero los humanos somos tan increíblemente imperfectos que, aun sin ser conscientes, a veces no soportamos ver a otros felices o triunfando en la vida, y terminamos saboteando su felicidad.

Aléjate siempre de quien, con sus acciones, te hace llorar, de quien te hace sentir que no vales nada. Hay personas que, por muy buenas que seamos con ellas, no dejarán de hacerte la vida difícil. Lo hacen porque no son felices, porque viven desde la amargura. Alejarse de ese tipo de personas es lo mejor. No dejes que tus alegrías se destruyan por personas dañinas.

Las personas negativas suelen tener un pésimo concepto de sí mismas, baja autoestima. Harán lo que sea para que te sientas mal e incluso culpable de algo que no comprendes. No tiene explicación sencilla, simplemente son así.

Respira hondo, trata de ayudar, intenta comprender, pero sin desgastarte. Son personas difíciles.

Tratemos de ser lo más correctos posible con quienes nos rodean, pero mantén tu posición clara para que sus palabras no te hagan daño. A veces hablamos de heridas emocionales profundas que no son fáciles de sanar.

Si con todo no logras que esas personas cambien, lo mejor es tomar distancia. La vida es lo suficientemente corta como para cargar con ese desgaste.

Y hazte una pregunta, que yo también me hago:

¿Somos personas que no hacemos bien a quienes nos rodean?

Espero que no. Y si en algún momento es así, siempre hay tiempo para cambiar y dar a nuestra vida una dirección más amable.

Seamos mejores cada día. Ahí es donde encontramos equilibrio.

© Anna López Campoy

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