Hoy es la graduación de mi hijo David. Es un día muy especial. Hace casi diez años, todo empezó con un mal diagnóstico. Una psicóloga del centro educativo donde estudiaba David nos dijo que estaba abocado al fracaso escolar. Según ella, el problema era otro: yo debía dejar de trabajar y dedicarle más tiempo, porque le faltaba atención y estima materna. Podéis imaginar lo que sentí en ese momento. La culpa. La duda. El dilema que se abría ante mí como madre trabajadora. Pero ese error fue, en realidad, el inicio de todo. Me empujó a buscar respuestas. David era un niño despierto, con razonamientos bien estructurados, con carácter y las ideas claras. También era tozudo y tenía rabietas, como muchos niños. Pero algo no encajaba: no avanzaba en el colegio, su letra era muy pobre, sus dibujos parecían de un niño más pequeño y le costaba aprender las tablas de multiplicar. Un día, leyendo el periódico, encontré una entrevista a una psicóloga que hablaba del TDAH. Recuerdo decirle a mi marido: “Este artículo describe a David”. A partir de ahí, todo cambió. Nuestra pediatra supo orientarnos y nos derivó al Dr. José Artigas, neuropsicólogo infantil. Ahí comenzó el verdadero proceso de diagnóstico. Y también empezó la comprensión. David tenía TDAH. En aquel momento había muy pocos profesionales formados y muchos aún cuestionaban la existencia del trastorno. Algunos lo atribuían a factores educativos o incluso lo negaban. Pero también había profesionales comprometidos, que investigaban y acompañaban a las familias. Tuvimos la suerte de encontrar a algunos de ellos. Desde entonces, no dejamos de trabajar. Me impliqué cada vez más: asistí a jornadas, participé en grupos de padres y comprendí que esto no era culpa de nadie. Ni de la familia, ni del entorno, ni de la educación. Era necesario acompañar, intervenir y sostener. Ahí empezó también otro camino: dar visibilidad al TDAH. Así nació la asociación. Han sido años de trabajo, de aprendizaje y de compromiso. Y hoy, viendo a David graduarse, sé que nada de esto habría sido posible sin todas las personas que nos han acompañado. Hoy ha sido también el último día de las pruebas de selectividad. No sabemos cuál será el resultado. Pero, sinceramente, hoy eso es lo de menos. Hoy celebramos el camino. Agradecimientos Gracias al Dr. Josep Artigas, a la Dra. Esclusa, a los compañeros de la primera etapa de la asociación: Mónica, Vicens, Francesc, Kati, Eugenia, Silvia Nogué, Ana Gómez. Y a quienes siguen hoy: Mª Elena, Feli, Jordi, y a quienes llegaron después, sumando con compromiso: Luis Roberto Pavón, Karina, Ismael. Cierre Hoy no celebramos solo una graduación. Celebramos todo lo que hubo detrás para llegar hasta aquí. Firma © Anna López Campoy Fundadora TDAH Vallès · Diario de una Hiperactiva
Hoy es la graduación de mi hijo David. Es un día muy especial. Hace casi diez años, todo empezó con un mal diagnóstico. Una psicóloga del centro educativo donde estudiaba David nos dijo que estaba abocado al fracaso escolar. Según ella, el problema era otro: yo debía dejar de trabajar y dedicarle más tiempo, porque le faltaba atención y estima materna. Podéis imaginar lo que sentí en ese momento. La culpa. La duda. El dilema que se abría ante mí como madre trabajadora. Pero ese error fue, en realidad, el inicio de todo. Me empujó a buscar respuestas. David era un niño despierto, con razonamientos bien estructurados, con carácter y las ideas claras. También era tozudo y tenía rabietas, como muchos niños. Pero algo no encajaba: no avanzaba en el colegio, su letra era muy pobre, sus dibujos parecían de un niño más pequeño y le costaba aprender las tablas de multiplicar. Un día, leyendo el periódico, encontré una entrevista a una psicóloga que hablaba del TDAH. Recuerdo decirle a mi marido: “Este artículo describe a David”. A partir de ahí, todo cambió. Nuestra pediatra supo orientarnos y nos derivó al Dr. José Artigas, neuropsicólogo infantil. Ahí comenzó el verdadero proceso de diagnóstico. Y también empezó la comprensión. David tenía TDAH. En aquel momento había muy pocos profesionales formados y muchos aún cuestionaban la existencia del trastorno. Algunos lo atribuían a factores educativos o incluso lo negaban. Pero también había profesionales comprometidos, que investigaban y acompañaban a las familias. Tuvimos la suerte de encontrar a algunos de ellos. Desde entonces, no dejamos de trabajar. Me impliqué cada vez más: asistí a jornadas, participé en grupos de padres y comprendí que esto no era culpa de nadie. Ni de la familia, ni del entorno, ni de la educación. Era necesario acompañar, intervenir y sostener. Ahí empezó también otro camino: dar visibilidad al TDAH. Así nació la asociación. Han sido años de trabajo, de aprendizaje y de compromiso. Y hoy, viendo a David graduarse, sé que nada de esto habría sido posible sin todas las personas que nos han acompañado. Hoy ha sido también el último día de las pruebas de selectividad. No sabemos cuál será el resultado. Pero, sinceramente, hoy eso es lo de menos. Hoy celebramos el camino. Agradecimientos Gracias al Dr. Josep Artigas, a la Dra. Esclusa, a los compañeros de la primera etapa de la asociación: Mónica, Vicens, Francesc, Kati, Eugenia, Silvia Nogué, Ana Gómez. Y a quienes siguen hoy: Mª Elena, Feli, Jordi, y a quienes llegaron después, sumando con compromiso: Luis Roberto Pavón, Karina, Ismael. Cierre Hoy no celebramos solo una graduación. Celebramos todo lo que hubo detrás para llegar hasta aquí. Firma © Anna López Campoy Fundadora TDAH Vallès · Diario de una Hiperactiva
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