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Cuestionar también es construir

No es la fuerza, sino la perseverancia de los altos sentimientos la que hace a los hombres superiores. Friedrich Nietzsche Y yo añadiría, porque este fin de semana así lo he constatado: por mucho que alguien quiera desprestigiarte, solo necesitas una cualidad para contrarrestarlo: la paciencia. Siguiendo con las frases célebres, hay algunas que me gustan especialmente: “Cada campana queda por el son que da” y, si aplicas la paciencia, “siéntate a la puerta de tu casa y verás a tu enemigo pasar”. Y esta es de cosecha propia: siempre hay que dar una segunda oportunidad a quienes te obviaron, criticaron o menospreciaron. Eso también define a la persona. Alguien se preguntará por qué digo esto. Es sencillo. Quiero dejar por escrito una experiencia de este fin de semana. He asistido a la II Jornada de Formación coordinada por la Federación de Asociaciones Españolas de Afectados por Hiperactividad. Tengo que decir, de entrada, que soy bastante escéptica con cualquier organización que agrupa a otras. Probablemente por deformación profesional. Durante 15 años formé parte de una organización sindical estatal en sus órganos de dirección y pude ver cómo muchas decisiones se regían por intereses personales o afinidades. Cuando se planteó la federación, la asociación que presido se adhirió. Sin embargo, por falta de recursos, no habíamos podido asistir con regularidad a los encuentros anuales. La única vez que lo hicimos, hace dos años, no me sentí parte del conjunto, ni percibí un esfuerzo claro por integrarnos. También es cierto que, en su momento, trasladé dudas sobre los estatutos y algunas decisiones. Probablemente no lo hice con el tono más adecuado. Las decisiones podían ser legítimas, pero no siempre percibí que se hubieran consensuado con las asociaciones que no estábamos presentes en la asamblea. Existía una junta ejecutiva donde no quedaba claro el reparto territorial ni los criterios de participación. Había fundaciones dentro de la federación que no representaban directamente a asociaciones de familias, y eso generaba dudas. Ante mis preguntas, no siempre encontré respuestas claras, o quizá no supe interpretarlas correctamente. Posteriormente surgió la Federación Catalana de Asociaciones de Afectados. En este caso fui aún más crítica. No veía necesaria su creación. Mi planteamiento era claro: o se trabaja desde una estructura estatal o se articula una confederación de federaciones, pero duplicar estructuras con competencias similares implica dispersar esfuerzos que las asociaciones no pueden permitirse. Aun así, con el tiempo he podido constatar que la federación estatal tiene un papel relevante: conectar a quienes trabajamos desde distintos puntos del territorio. Y, aunque no siempre se haga desde la imparcialidad que uno desearía, hay detrás un trabajo complejo. También he comprobado algo importante: cuestionar no siempre es cómodo, pero es necesario. Cuestionar para avanzar, para evitar injusticias y para que las organizaciones no se construyan solo desde quienes tienen más recursos. En este encuentro he visto muchas realidades distintas. Modelos organizativos muy diversos. Asociaciones vinculadas a profesionales, intereses diferentes y también presiones externas evidentes. Todo eso existe. Pero también existen personas comprometidas, que trabajan de forma altruista para dar visibilidad a los afectados. Y he confirmado algo que considero clave: no podemos trabajar aislados. Es necesario compartir experiencias, ideas y generar sinergias. Apoyarnos unos a otros es, probablemente, la única forma de sostener este tipo de proyectos en el tiempo. Ahora que se habla tanto de networking, el asociacionismo también necesita aprender a construirlo.

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