A veces no es fácil asumir que no todas las relaciones significan lo mismo para ambas partes.
Hay vínculos que creemos sólidos, construidos a base de tiempo, confianza y momentos compartidos. Y, sin embargo, desaparecen cuando dejan de ser útiles.
Eso es lo que más cuesta entender.
No la distancia, no el cambio.
Sino descubrir que, para otros, la relación siempre fue circunstancial.
Aun así, hay algo que no cambia:
seguir estando cuando hace falta, no por lo que recibes, sino por quién eres.
Porque, por encima de todo, están las personas.
Sí, presiento que este será un año alborotado. Podría utilizar muchas otras palabras, pero esa es la primera que me viene a la cabeza. Así que voy a intentar, antes de que termine el año, hacer una lista de todas aquellas cosas, personas, objetos, actuaciones o situaciones que no aportan paz a mi vida. Leí hace poco que hay valores, como la lealtad, que pueden entenderse de forma distinta según el ámbito de nuestra existencia. También leí que quienes arrastramos valores muy arraigados y no los modificamos a lo largo de la vida estamos, de algún modo, obsoletos. Yo discrepo. Los valores que utilizamos en nuestra vida son muchos y muy variados. Si la vida fuera un cesto y nos dieran a escoger solo tres, seguramente nos costaría decidir. Y si tú solo pudieras quedarte con tres, ¿cuáles elegirías? Yo escogería aquellos que siento que me definen y que, de algún modo, también he mamado desde la cuna. Honestidad Confucio La honestidad es uno...

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