Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2026

No existe sobrediagnóstico. Existe mal diagnóstico.

                                                          Se habla mucho de sobrediagnóstico en TDAH. Se repite como si fuera una evidencia, como si el problema fuera que se diagnostica en exceso. Pero la realidad es otra. No estamos ante un exceso de diagnóstico. Estamos ante un problema de cómo se diagnostica. En muchos casos, el proceso se reduce a cuestionarios, observaciones superficiales, poco tiempo y poca profundidad. A veces incluso sin ver realmente a la persona. Así no se construye un diagnóstico, se construye una suposición. Un diagnóstico serio no es un trámite. Requiere evaluación clínica, contexto, historia evolutiva y un buen análisis diferencial. Porque no todo lo que parece TDAH lo es. Pero también ocurre lo contrario: muchas personas con TDAH no están diagnosticadas o lo están tarde y mal. Ese es el verdadero problema. Di...

He vuelto. Y tengo mucho que contaros.

He vuelto porque no todo encaja en los modelos que se están utilizando . Porque hay personas que no fallan. Simplemente no están siendo entendidas. Porque hay diagnósticos que se hacen rápido y vidas que se complican durante años. Porque hay discursos que suenan bien, pero no resisten la realidad. No escribo desde fuera. Escribo desde la experiencia . Desde lo que se ve cuando dejas de mirar solo el síntoma y empiezas a mirar a la persona . Desde lo que no encaja. Desde lo que incomoda. Desde lo que muchas veces no se quiere escuchar. Este espacio no va a ser neutro. No lo ha sido nunca. Aquí se va a hablar de neurodesarrollo , sí. Pero también de contexto . De errores. De decisiones que se toman sin entender. Y de lo que pasa después. No todo es déficit . No todo es trastorno . Y desde luego, no todo es como se está contando. He vuelto. Y esta vez, para decirlo claro.

Mi historia: vivir desde la diferencia

Me llaman diferente porque vivo de forma desordenada, a destiempo, a impulsos, a mi manera. Hay momentos en los que el entusiasmo me transporta. No sigo el calendario. Hago días de cien horas y horas que parecen durar cien días. A veces abrazo con tanta intensidad que dejo huella. Otras, en cambio, necesito esconderme y que una decisión decida por mí. Si hay error, prefiero que sea sin culpa. Luego me regaño. Me exijo cambiar. Y no cambio. No sé si no puedo o no quiero. Oscilo entre dos mundos. El mío, intenso, honesto, a veces caótico. Y el de los cuerdos, donde muchas veces se sobrevive con apariencias, se convive con culpas y se disfraza lo real de correcto. Un mundo donde se elige qué ver y qué oír, donde se comparten vacíos que se hacen pasar por vidas completas. Y cuando todo eso se vuelve insoportable, me ausento sin irme. Me quedo, pero no estoy. Me voy a lugares imaginarios, imposibles pero coherentes para mí. Allí, incluso mi propia compañía puede incomodarme. Y aun así, ...