Mi historia: vivir desde la diferencia
Me llaman diferente porque vivo de forma desordenada, a destiempo, a impulsos, a mi manera.
Hay momentos en los que el entusiasmo me transporta. No sigo el calendario. Hago días de cien horas y horas que parecen durar cien días. A veces abrazo con tanta intensidad que dejo huella. Otras, en cambio, necesito esconderme y que una decisión decida por mí. Si hay error, prefiero que sea sin culpa.
Luego me regaño. Me exijo cambiar. Y no cambio. No sé si no puedo o no quiero.
Oscilo entre dos mundos. El mío, intenso, honesto, a veces caótico. Y el de los cuerdos, donde muchas veces se sobrevive con apariencias, se convive con culpas y se disfraza lo real de correcto. Un mundo donde se elige qué ver y qué oír, donde se comparten vacíos que se hacen pasar por vidas completas.
Y cuando todo eso se vuelve insoportable, me ausento sin irme. Me quedo, pero no estoy. Me voy a lugares imaginarios, imposibles pero coherentes para mí. Allí, incluso mi propia compañía puede incomodarme. Y aun así, hay una sensación de lucidez. Como si, en ese margen, la diferencia fuera una forma de cordura.
Me llaman diferente.
Y lo soy.
Qué es realmente el TDAH
Hoy existe una gran confusión sobre qué es realmente el TDAH.
No es una enfermedad en el sentido clásico.
Es un trastorno del neurodesarrollo, con base biológica y una expresión diversa.
No hay un único perfil.
No hay una única forma de vivirlo.
Muchas veces el problema no es la persona.
Es el desajuste con el entorno.
El TDAH no define quién soy.
Pero sí forma parte de cómo pienso, siento y actúo.

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