Sabadell, mi ciudad: lo que no se ve
Seguramente no es la más bonita ni la más espectacular de las ciudades catalanas, pero sí es una ciudad amable, segura y acogedora.
Sobre todo, una ciudad con políticos, técnicos y ciudadanos implicados en su evolución.
Como técnica municipal, me siento especialmente orgullosa del trabajo realizado durante estos años. Hemos impulsado 1.248 actuaciones en bloques de viviendas, con impacto directo en 12.002 propietarios. En 2.423 de esos edificios se ha instalado un ascensor, siempre con el respaldo de mi departamento y con la garantía de acceso a subvenciones a fondo perdido.
También hemos contribuido a la rehabilitación de barrios donde hacía años que no se intervenía, promoviendo mejoras integrales tanto en los edificios como en los espacios públicos.
Mi trabajo me ha permitido conocer realidades sociales, culturales y humanas muy diversas. El contacto directo con las personas te sitúa ante sus alegrías, sus dificultades y, en muchos casos, ante situaciones que van más allá de lo estrictamente técnico.
Hay momentos especialmente significativos. Personas mayores que, tras años sin poder salir de casa, recuperan su autonomía gracias a la instalación de un ascensor. Y también situaciones duras: quienes no llegaron a tiempo o quienes vieron bloqueadas estas mejoras por falta de acuerdo entre vecinos.
Me gusta pasear por mi ciudad y que alguien me salude sin que siempre pueda ubicarlo. Ese gesto sencillo suele tener detrás una historia compartida, una intervención, un proceso.
Me gusta vivir y trabajar en Sabadell. Es la ciudad que acogió a mi familia cuando mis padres llegaron desde Andalucía. Hoy puedo contribuir a mejorar los mismos barrios en los que crecí y observar, con perspectiva, cómo ha evolucionado la calidad de vida de sus habitantes.
Soy parte de esa historia. Y lo seguiré siendo.
Sabadell es mi ciudad de adopción.
© Anna López Campoy
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