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Entradas

El peso del equipaje… y lo que olvidamos dentro

Cada ser humano viaja por el mundo con su equipaje a cuestas. Es el resultado de su experiencia, de su aprendizaje. Aunque llegamos al mundo con unas pautas marcadas por los genes, es el carácter y la educación lo que va modelando nuestra existencia y construyendo ese equipaje que cada uno lleva consigo. Vamos caminando y almacenando aquello que nos hace crecer, madurar. A veces endurecernos. Otras, sensibilizarnos. Ese equipaje va aumentando hasta que, en algún momento, necesitamos detenernos y revisarlo, para no olvidar lo que realmente somos. Hace poco decidí hacerlo. Un comentario sobre mi actitud me dejó sorprendida. Pensé: “Esto no puede ser… tengo que revisar qué es lo que creen que no tengo”. Entré en ese almacén de recuerdos donde guardo lo aprendido, lo vivido, lo que fui y lo que aún me queda por aprender. Busqué hasta encontrar aquello que decían que no estaba. Tuve que sacudirle el polvo. Estaba olvidado en el último rincón. Pero estaba. Era mi alegría. Envej...

7a Jornada sobre Dislèxia a Catalunya

Ayer se celebró la 7.ª Jornada sobre dislexia en Cataluña, organizada de forma excelente por la Asociación Catalana. Tuve la oportunidad de participar para presentar un proyecto común con otras asociaciones catalanas, con las que compartimos problemáticas y objetivos. Nació la “Plataforma de Asociaciones de Necesidades Socioeducativas en Trastornos de Aprendizaje Escolar”. Nuestro reto es complejo, pero estoy convencida de que lo conseguiremos. Hacernos visibles en la nueva Ley de Educación catalana. Este es un post inicial. A través de este blog haré seguimiento de nuestros avances.

Aprender a callar

Presumimos a veces de sinceridad y de no callarnos nada. Pero no siempre es lo adecuado. A veces, simplemente, no sabemos escuchar. Otras, no interpretamos el silencio. Muchas veces basta una mirada. Una mirada sostenida. Los ojos fijos en los del otro, tratando de adivinar el significado de lo que dicen sin palabras. A veces quieres decir muchas cosas, pero conviene detenerse. Aguantar. Dejar que las ideas reposen. Alargar el espacio entre la pregunta y la respuesta. Esperar. Observar. Pensar en lo que el otro siente. Analizar. Escuchar de verdad. La economía de las palabras es una virtud. No exclusiva de nadie, pero sí propia de quienes entienden que no todo necesita ser dicho. Hay dudas que no requieren respuesta inmediata. Hay pensamientos que necesitan tiempo. ¿Por qué decirlo todo? ¿Por qué no guardar una parte de lo que pensamos? ¿Por qué no dejar madurar algunas ideas antes de convertirlas en palabras? Somos dueños de nuestros silencios y responsables de nuest...

El impacto de cómo hablamos

La forma también importa Decir la verdad es importante. Pero la forma en que la comunicamos determina si será escuchada o rechazada. No siempre podemos cambiar el contenido, pero sí el modo. Ahí está la diferencia entre generar rechazo o facilitar comprensión.

La Esquinita

Asistí a un curso llamado “La emoción de vender” . Curiosamente, no trataba tanto de vender como de algo previo: la importancia de estar emocionalmente bien para poder desempeñar cualquier actividad con criterio y eficacia. El ponente utilizó una imagen sencilla. En la lucha libre existe “la esquinita”: ese lugar al que el luchador vuelve entre asaltos. Allí se sienta, recibe indicaciones, se recupera, ajusta la estrategia y vuelve al combate con más claridad. En la vida cotidiana ocurre algo similar. A lo largo del día acumulamos desgaste: en el trabajo, en los estudios, en las relaciones. No hay un único frente. Por eso necesitamos un espacio donde parar, ordenar y recuperar energía. Lo ideal sería que ese espacio fuera la familia. Un lugar donde encontrar apoyo, orientación y confianza. Y, al mismo tiempo, donde nosotros también podamos ofrecerlo. Sin embargo, no siempre es así. A veces el conflicto está dentro de casa. Salir cad...

Esta noche quisiera dejaros un bonito cuento que encontrè en la red.

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: -¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves.. Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi... No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil... Muchas veces en vez de alumbrar...

Porque me da la gana..

Una sabia y conocida anécdota árabe cuenta que, en una ocasión, un sultán soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, mandó llamar a un adivino para que interpretara su sueño. —¡Qué desgracia, mi señor! —exclamó el adivino—. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad. —¡Qué insolencia! —gritó el sultán, enfurecido—. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde, mandó traer a otro adivino y le contó el mismo sueño. Este, tras escuchar con atención, respondió: —¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes. El sultán sonrió y ordenó que le entregaran cien monedas de oro. Cuando el segundo adivino salía del palacio, uno de los cortesanos, sorprendido, le dijo: —No lo entiendo. La interpretación es la misma que la del primer adivino. ¿Por qué a uno le castigó y a ti te ha recompensado?...